Historias misteriosas

Hemos escrito dos cuentos que ocurren en Madrid. ¿Te animas a leerlos?

Actividad de Campo (Andrew)

  • “¡Despiértate!”, gritó Susana en la oreja de su compañero.
  • “¡AH!”. Los ojos de Marcos se abrieron de golpe cuando oyó la llamada de su amiga. “Cálmate Susa, estoy despierto. Lo siento, me quedé dormido solo pensando en esta excursión”.

Susana río cuando oyó la respuesta de su mejor amigo. Ella volvió a hablar con sus amigos mientras Marcos luchaba por despertarse. Él había estado temiendo ese día toda la semana. Normalmente Marcos era uno de los estudiantes más emocionados por las actividades de campo, pero ese día, no podía estar más aburrido. Era la séptima vez que Marcos visitaba el Palacio Real. Ya sabía cada ‘dato curioso’ y ‘secreto’ del palacio. No había ningún detalle que su guía pudiera decirle que él ya no supiera. Cuando era niño, le encantaba que el Palacio fuera el hogar de los reyes, pero entonces no le importaba nada. Marcos dejó el autobús sin ningún sentido de interés, pero no tenía otra opción. Era raro que una familia hubiera visitado el mismo sitio seis veces, pero Marcos venía de una familia extraña. Él se metió en la cola para entradas y empezó a soñar despierto. Después de treinta minutos, la gira fue peor de lo que había esperado. La monotonía de su gira y la repetición de sus discursos le dio rabia. Marcos no creía que su guía fuera un hombre real, sino un robot con ropa de gente. Cuando la gira empezó a llevar al grupo al Salón del Trono, Marcos vio algo que nunca había visto. Era extraño que Marcos viera pasillos nuevos después de tantas visitas y, por eso, tenía que investigar.

  • “Sígueme”, susurró Marcos a Susana, quien estaba a su lado.
  • “¿Qué?”, contestó Susana, pero antes de que Marcos pudiera responder, él estaba agachándose debajo de una cuerda que estaba bloqueando la entrada de algo.
  • “Espérame, Marcos”, dijo ella, mientras seguía a su amigo. “Marcos”, le dijo, “no podemos estar aquí. Debemos volvernos”.
  • “Por favor, está bien”, dijo Marcos, “he estado en este Palacio mil veces. No puedo hacer la misma gira otra vez. Vive un poco”.
  • “No sé, esto no parece correcto”.

Los dos chicos caminaron por un pasillo oscuro hasta que encontraron una puerta grande. Marcos miró hacia Susana con una sonrisa y abrió la puerta con alguna dificultad. Él soltó la puerta cuando Susana había entrado, y esta hizo un ruido fuerte que asustó a los dos. No podían ver nada y, por primera vez, Marcos no creía que esta fuera una idea buena. Él empezó a palpar la pared con las manos, buscando algo para encender las luces. Se sintió aliviado cuando encontró un interruptor, pero esa sensación se fue cuando vio la habitación en la que estaban. Era la armería antigua y grande. Las paredes largas estaban llenas de espadas y yunques grandes, martillos y escudos estaban disparados por el piso. En el parte posterior de la sala, dos armaduras completas estaban paradas a ambos lados del cuarto. Era probable que la mayoría de los chicos de la clase de Marcos hubiera estado encantada con una habitación como esa, pero Marcos, cuya clase favorita era el arte, estaba temblando.

  • “Tenemos que irnos pronto”. Dijo Susana, quien sentía lo mismo que Marcos.
  • “S…S.…Sí. Estoy de acuerdo”, respondió mientras se daba vuelta hacia la puerta.

Pero cuando giró y alcanzó el pomo, Marcos se congeló. No podía abrir la puerta. Estaba cerrada.

  • “Susana, tenemos un problema”, le dijo.

Susana vio que Marcos estaba luchando con la puerta, y eso la llevó al borde de lágrimas.

  • “NO LA ABRIRÁ”, retumbaron dos voces al unísono desde la parte posterior de la habitación. Después las voces empezaron a reír.

Marcos trató de ver de dónde venían esas voces tan altas. Él creía que era probable que hubiera imaginado las voces, pero cuando vio la cara de Susana, se dio cuenta de que eran reales. Los dos no podían ver a nadie en la habitación, y entraron en pánico. Marcos empezó a golpear en la puerta, mientras Susana gritaba.

  • “¿Quién es?”, dijo ella a gritos.

Como repuesta, las risas se hicieron más fuertes. Entonces, los chicos estaban aterrorizados. Los dos golpearon la puerta y gritaron pidiendo ayuda. Las risas continuaron detrás de ellos. Después de unos minutos, los dos estaban histéricos, gritando con todas sus fuerzas, pero nadie les oyó. Pararon cuando oyeron algo diferente detrás. Algo como pasos pesados. Los dos se dieron la vuelta lentamente, y cuando vieron lo que había en el otro lado del cuarto, Susana se desmayó. Las dos armaduras estaban animadas, y caminado hacia los chicos. Entonces solo, Marcos no podía moverse. Quería correr en alguna dirección, pero se sentía débil. Quería intentar abrir la puerta otra vez, pero estaba congelado en su lugar. Llorando, Marcos vio las armaduras riendo, y rezó. Las dos, siempre al unísono, sacaron sus espadas y empezaron a correr hacia él. Podía escuchar su corazón latiendo fuertemente en sus oídos. Los sonidos de los pasos, las risas y el latido llenaron su cabeza, hasta que, cuando las armaduras estaban a tres metros de él, se desmayó.

***

  • “¡Despiértate!”, gritó Susana en la oreja de su compañero.
  • “¡AH!”. Los ojos de Marcos se abrieron de golpe cuando oyó la llamada de su amiga.

 

La Historia de La Botella de Agua (Falaknaz)

Hace un año, una chica que se llama Alicia estaba en Madrid. A ella le gustaba mucho la ciudad, pero sus aspectos favoritos eran las azoteas (el Círculo de Bellas Artes en particular), los cafés y el parque del Retiro; le gustaban porque creía que la manera mejor para conocer una ciudad es con las azoteas, los cafés y los parques. Las azoteas dan una perspectiva desde arriba, donde una persona puede ver la ciudad completa y donde las personas parecen hormigas. Los cafés ofrecen “los ciudadanos” – los nativos, sus conversaciones y sus costumbres-. Finalmente, los parques tienen una variedad de oportunidades para charlar con amigas, estar sola y pensar sobre cualquier cosa y mirar a los personajes de lejos.

Un día, Alicia fue a un café que se llama La Bicicleta. Estaba estudiando cuando una persona le preguntó: “¿Por qué tu botella de agua es tan vieja?”

Ella le contestó: “Es de mi prima y la tomé sin decírselo hace muchos años… ¿por qué?”

La persona preguntó: “Dudé cuando la vi que la botella fuera tuya.”

Alicia no entendió nada de esto y dijo: “¿Por qué me estás diciendo esto? Te hubiera dicho que no es mía pero no te debe importar…”

Cuando esta persona dijo que quería que Alicia pensara sobre dónde había empezado su vida la botella de agua, porque la botella no era de Alicia ni de su prima, Alicia se puso curiosa. Esta persona añadió: “Dudaba que pudieras pensar que esto fuera posible, pero la botella es mía. Yo la perdí en el parque del Retiro hace ocho años”.

Ella exclamó: “¿¿¿En Madrid??? ¿¿¿Hace ocho años??? Mi prima estuvo en Madrid hace siete años y su familia española se la regaló. Nunca hubiera pensado en esa posibilidad”.

“Sí, por supuesto. Esto es por lo que quería preguntarte sobre tu botella”. La extraña quería que Alicia pensara un poco más antes de que se enojara.

Alicia pensó que, si esa persona fuera más simpática, no se habría enojado.

Al final, ella empezó a pensar dónde estaría la mochila que perdió hacía tres años. De repente, cuando Alicia estaba caminando por la calle, vió a una niña que llevaba una mochila con el mismo lazo que Alicia había puesto en la tira de su mochila: qué casualidad.